Que mejor forma de inaugurar el blog que con el trabajo más reciente de Obata: Bakuman.

Para los que cayeron con Death Note, Bakuman debe ser algo extraño. Pero los que nos enamoramos con Hikaru no Go (sólo escribirlo me pone la piel de gallina) entendemos un poco más. Después de todo, tienen mucho en común: Está este niño que tiene un talento increíble oculto que por asares del destino conoce a alguien que cambia su vida para siempre y lo mete en este mundo complejo e interesante y después —aquí viene lo mejor— él decide descubrirlo por su cuenta y dedicar su vida a ello. Introduce un montón de personajes interesantes de su vida anterior y también de la nueva y tienes la historia.

¿Qué? ¿Suena familiar? ¡Se llama Vida, gente! Aparentemente es un patrón que Obata y sus colaboradores parecen estar usando y la verdad es que funciona como un hechizo. Como prueba está una cita recurrente en el fandom de Hikaru no Go: ¡Es enfermo que sea tan genial e interesante ver gente jugar un juego de mesa!

Y lo es, más que ver a un tipo con superpoderes de deducción tratar de dominar al mundo con una libreta.

Al menos por mi parte, porque amo Hikaru no Go mucho más que Death Note. Como ejemplo está el simple hecho de que no he terminado de leer DN mientras que mi propio cerebro me obliga a leer Hikago (contracción coloquial de Hikaru no Go) al menos una vez cada medio año. Creo que es porque trata de personas que crecen: Nosotros las vemos madurar y aprendemos al mismo tiempo que ellos (yo todavía soy una n00b en Go pero, um, aprendí y quiero aprender más). Shindou Hikaru es mi personaje favorito de todo el mundo y ni siquiera tengo que pensarlo.

Olviden que el escritor/guionista es Obha Tsugumi, el mismo de Death Note, todo el rollo de la fusión entre “nunca me había importado nada seriamente hasta esto” y “este soy yo, esta es mi vida” es algo que tanto Hikago como Bakuman tienen en común y no puedo negar que teniendo a Hikago como punto de referencia me emociona pensar en todo lo que van a pasar Mashiro y Tamaki.