Como habrán notado, estos últimos meses tuve una crisis de lectura, tenía unas ganas enormes de leer algo épico, reflexivo, explosivo y que al mismo tiempo tuviera esa sensación de lo humano y personal — y no encontraba nada que se acercara. Estuve así dos meses hasta que me di cuenta que ya había leído una historia así. Esa historia obviamente es Akira.

Normalmente le dedico unos párrafos a la trama pero ¿¡quién no sabe de que trata Akira?! Es cierto que mucha gente no ha leído el manga — heck, probablemente haya algunos que no han visto el anime, pero todos saben la historia en general. Saberlo no es suficiente, gente. Independientemente de si es tu estilo, si te gusta o no, estamos hablando de una de las historias más influyentes, no sólo del manganime, sino del mundo actual. Mínimo tienes que conocer qué es y la única forma de realmente hacerlo es leyendo el manga.

No es un manga fácil de leer. Es muy complicado y a veces parece carecer de sentido (especialmente el final). La historia tiene tantas vertientes como focos de interés y sinceramente me parece imposible contarla sin saltarme miles de cosas importantes, así que sólo contaré mi “definición”: Akira es el resultado de un proyecto del gobierno japonés, un arma tan poderosa que destruyó Tokyo en cuestión de segundos, tan impredecible que ni siquiera es usada, tan peligrosa que se mantiene en secreto, y la búsqueda detrás de la verdad de lo que realmente es arrastra a dos amigos, cambiando sus vidas por completo, destruyendo su amistad y volviendo el mundo entero de cabeza: Akira es un niño.

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